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La Coctelera

Fans


“No admires a nadie a quien puedas ver al día siguiente”

Siempre me lo ando diciendo a mi mismo… si ellos supiesen, si tuviesen el poder de verme por un agujerito… ¡probablemente se buscarían otro ídolo!

Supongo que es algo inevitable, el sentir admiración por alguien es propio del hombre mas cuando ese hombre (el admirado) resultas ser tu…¡ay amigo! Como cambia la cosa…

Desde siempre has sido un cualquiera, uno de esos niños repelentes que anda con la pelotita dándote en la pared a la hora de la siesta, ¡niño! Y acto seguido se acuerdan de tu madre, muy tranquila –por cierto- sentada en el sofá de tu casa y ajena a cuanto esta pasando.

El caso es que con el tiempo, esa misma señora en bata y rulos de la que tanto habías oído refunfuñar como el que oye llover –todo sea dicho- convierte esa esquina y las pelotas que te había requisado colándose en su patio en un autentico museo.

Aquí empezó a jugar fulanito de tal, ¿veis, veis? –explica a los señores del colacao- enseñándoles, como si de un Velázquez se tratase las marcas de una pelota en su pared, ¡cómo si no hubiese pintado veces desde entonces!

Es sin duda tu primera admiradora.

Luego la cosa cambia, varia el modo de admiración y el modelo de admirador o admiradora.

Al principio, cuando empiezas a entrenar con el equipo “de los grandes”, pasas a ser “el nuevo”. Del “nuevo” nadie se acuerda de su nombre, excepto ellas claro. Ellas al loro siempre, de cada nuevo modelo, coche, o peinado de los antiguos sin perder de vista al nuevo inquilino. Comienzas a notar que te miran, te sientes observado te pongas donde te pongas, los más antiguos parecen notar ese “miedo” y te las azuzan. Al principio no comprendes muy bien de donde han sacado como te llamas, de donde eres, ni si tienes pareja. Luego poco a poco vas comprendido…

-¡Ey fulano!,

- ¿perdona, nos conocemos?

Porque no contentas con saber tu nombre, ellas te llaman por tu mote o por tu nombre abreviado, vamos que en tu vida habías oído ni a tu madre llamarte así.

El primer día es un…¿me firmas? Y tu pensando en voz alta, ¿una firma? ¿de verdad? ¿¿mía?? Y se lo cuentas a todo el mundo como tu mayor proeza.

Al día siguiente ya sabes que no puedes ir en chándal a entrenar, algo cambia dentro de ti. Ellas te cambian la vida, sin duda.

Llegas a la ciudad deportiva y a la salida del entrenamiento las mismas de ayer te están esperando, por un momento las ves lejos mientras uno de tus compañeros les están firmando, pero apenas has tenido tiempo de agachar la cabeza ya las tienes a todas haciéndote lo que yo llamo un “circulo asesino” del que te es imposible salir, y te preguntas si a nadie se le habrá ocurrido probar a alguna de estas niñas como lateral izquierdo, ¡con la falta que nos hace alguien con esa velocidad!

Esta vez ya no es una firma, ¡ahora es una foto! Una foto, dos besos, un que bien hueles, que colonia usas…

Al principio te gusta ser simpático con todas, no quedar mal. Al tercer día, te asombras viéndote a ti mismo escondido detrás de la puerta del vestuario y pidiéndole al utillero que les diga que ya no queda nadie.

Según te mandan a otro sitio a jugar la cosa vuelve a cambiar, aunque el mecanismo siga siendo el mismo. Se ahorran pasos con la ayuda de la prensa que les pone en bandeja tu ficha al completo, tu foto… Vuelves a ser el nuevo, pero esta vez con un nombre ya hecho, algo es algo.

Ahora, aparte de las nuevas fan del lugar de destino, te encuentras con las que ya tenías en el de origen… Esas no dejan de llamarte ni de ponerte mensajitos en el móvil, que ese es otro de los grandes misterios ¡cómo demonios han conseguido tu número!

Cuando ven que no consiguen respuestas te encuentras un mensaje impactante donde los haya: Oye, que soy la madre de fulanita ¡llámame! Y tonto de ti que piensas que es algo serio, la llamas…El mayor error de tu vida marcar ese número. Desde entonces tienes una fans más y de las que no se quitan….como la tinta de un bolígrafo y haciendo gala de aquello que dijo el cura: hasta que la muerte os separe.

A pesar de la pesadilla que supone para un día cansado o sin ánimo tener que pararte a firmar o a sonreír cien veces para las fotos ver que tienes gente para quien eres alguien compensa la mayoría de las veces.

Así que desde aquí, y a pesar de todo solo me queda darles las gracias…

Antonio Puerta: Traspasado al Todopoderoso

Va por ti Antonio Puerta, compañero y amigo...

No se por donde empezar esto, no se siquiera que decir después de todo cuando aun - como muchos- no me lo creo.

Aun es pronto, para asimilar lo que pasa y más pronto aun para saber lo que...perdemos ¿?

No se si esa es exactamente la palabra... Perder no es un término que aparezca en el diccionario de un auténtico Campeón como Antonio.

Campeón con mayúsculas, Campeón bajo los focos, y Campeón y campeador de la vida.

"Ojala todos los agostos sean como este".....fue lo último que le escuche decir. Creo que ya sabía que el mundo entero iba a corear su nombre hasta llevarle a hombros a las puertas del cielo. Dinastías enteras han soñado con eso sin éxito.

Ahora que bajo la mirada por fin, se que me equivocaba, que todo el mundo estábamos mirando arriba cuando tu aun -y para siempre- estarás aquí entre nosotros.

El primero en saltar al campo cada Domingo, el primero en acunar a tu niño...

Dicen, que cuando la mirada se seca, el camino está cumplido.

Que las lágrimas son el cuentakilómetros de nuestro paso por la tierra...

La misma sonrisa que siempre ofrecía tenía el mismo peso que las lágrimas que derramaba estos años por su Sevilla. Nada hay más bonito que llorar de alegría y dormirse con el alma empapada de ilusión...

Así vive Antonio, donde quiera que este.

Esta si será su verdadera carrera, la única que empezara sabiendo que tiene ganada...

Feliz nueva vida, feliz aventura y recuerda, esto es solo un hasta luego los que de verdad se quieren NUNCA se dicen adiós...
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LA MONEDA DE PUERTA

Sevilla es una moneda con sus dos caras. Haz y envés. Cara y cruz. Joselito o Belmonte. Macarena o Triana. Semana Santa o Feria. ¡Tópicos! En esta larga noche agosteña de angustia y luna llena, miro por la ventana el cielo de mi destierro y las olas me traen los sonidos de mi ciudad a través de la radio. ¡Qué lejos cae ya esa Madrugá de ruanes y terciopelos!

* * *

A media tarde, todos los corazones se sincronizaban y dejaban de latir al conocer la noticia: Puerta ha muerto. Incredulidad. Impotencia. Rabia contenida. Llanto ¿Cómo puede ser eso? ¿Quién escribió los actos de esta tragedia comenzada en la noche del sábado? ¡Si salió del campo andando, que yo lo vi!... ¡No, no puede ser! ¿Cómo va a triunfar la muerte en la ciudad de la vida?...

Hasta ese momento, la moneda de plata de las dualidades de Sevilla definía sus perfiles con fríos cuchillos de acero. Betis y Sevilla. Dos maneras de entender el fútbol. ¿Dos estilos vitales contrapuestos? Dionisos frente a Apolo. Séneca frente a Marte. Rivales. Irreconciliables. Amenazantes. Y es que cerca del Guadalquivir, donde antaño un tío y un sobrino impartían una clase magistral de guasa sevillana, se levantaba hoy una pira gigantesca que crecía en odios y rencores fratricidas. ¡Qué nueva Plaza de San Francisco de agravios, desagravios y caprichos! ¡Qué miedo de bufandas asesinas de ilusiones! ¡Qué temor de río teñido en sangre negra!

Entonces, surgió el héroe. Un héroe sevillista que ya forma parte de la leyenda de la ciudad. Era necesario. Su nombre: Antonio Puerta ¿El precio? La muerte en directo. Dicen que el verdadero triunfo del torero es morir en la plaza, y Puerta debutó con picadores en la Maestranza de Sevilla haciendo verónicas a ralentí. Fue una lejana noche de Feria, antes de que el rencoroso toro negro del destino acertara con su femorales. Torero de arte, luego vino la cogida. Traicionera, como todas las cogidas. Sólo los más próximos intuyeron que allí había hule. Después vinieron las prisas del traslado y la inhumana agonía entre tubos y respiradores artificiales. Y ahí es donde yo lo vi -Bécquer apócrifo- durante los dos días de su pasión, levantando la moneda dual de Sevilla en sus manos y diciéndonos a todos desde la UCI del Virgen del Rocío: “Paisanos, dejaos de tonterías y escuchad la verdadera historia: San Fernando era tan bético como sevillista. Como San Isidoro y San Leandro. Lo que pasa es que sus retratos se perdieron camino de La Palmera y por eso sólo salen en el escudo que aún llevo sobre mi pecho… ¡Pero queréis escucharme!... Dejad de pelearos como niños chicos por esa moneda de latón y mirad esta otra de plata. Esta es la que realmente importa. Es la de la vida. Es la de mi vida. Es la de vuestra vida…”

Y efectivamente ahí estaba. La moneda más importante. Esa que se lleva un corazón por delante cuando en la mano del árbitro sale cruz, se sea sevillista o se sea bético. Sencillamente porque la muerte no entiende de barrios ¿Heliópolis? ¿Nervión? ¿Qué es eso para una guadaña? Mucho más que un sentimiento, que un escudo o una bandera. Verde y Rojo. Rojo y verde. Verde de esperanza. Rojo de sangre. Colores sevillanos ambos, herencia de cuna. Hermanados ante una muerte no retórica, llorando conmovidos los dos ante el drama de un chaval de veintidós años. Como nunca. Como siempre debió haber sido.

En la alta noche, yo –ojos enrojecidos- oigo junto al mar latir el corazón de una ciudad que me pone el escalofrío en el alma. Camisetas con el escudo de las trece barras se mezclan en la explanada del Pizjuán con camisetas rojiblancas. Hoy no se espera una nueva Copa, que llega un ataúd ¡Qué distintas las noches! Silencio de cola negra para un paso de caoba que lleva una cruz de bronce sobre el cuarto de las agujas. Tampoco hay saetas. Inesperadamente, Sevilla llora en un desgarro que sólo comprenden los iniciados. “Mucho Betis” gritan los sevillistas. Mientras, los béticos cantan “Sevillista seré hasta que muera…” ¿Qué paradoja, verdad, Antonio? Tu abuelo fundando un club y tu padre jugando en el filial del otro. ¿En qué quedamos, hijo?

Y yo, ¿qué hago yo? Tan lejos, tan distante. Sólo acierto a poner un crespón negro de luto en una bandera verde del centenario que hay en mi balcón. Es mi homenaje. ¿Rivalidad? En el campo. Fuera de él, me alegraré por lo que hagan mis hermanos. Porque, desde hoy, prometo ser mejor bético. Ya aprendí el secreto que conocían mis mayores y que hasta ahora aún no acertaba a intuir: en el fútbol no cabe el odio. Y lo haré por convicción. Por esta noche de angustia. Por el dolor de una madre. Por el hijo que nace huérfano de padre. Por el sacrificio de un chaval honrado que ya forma parte de la leyenda, Antonio Puerta Pérez, el hombre que sirvió para fundir el verde con el rojo. Aquel extremo izquierdo que dejó su alma sobre el césped para que los béticos sintieran por una camisola blanquiroja el respeto que se le tienen a las mortajas.

Estoy seguro que, como yo, toda Sevilla ha entendido tu sacrificio. Al menos, que tu estúpido destino, Puerta, nos sirva para algo. Sólo siento no haber podido estrechar tu mano de sevillista, mirarte a los ojos y decirte “Antonio, aunque soy bético, te admiro como jugador y como persona”. A lo mejor, me faltó valentía. A lo mejor, me sobró orgullo

Quien tenga oidos que oiga...

Que no, que no me acostumbro. Que no me resigno a ver los últimos partidos de la gran campaña del Recre en primera sin uno de sus verdaderos pilares, Emilio Viqueira.

El éxito una vez más va a terminar huérfano.

Y la verdad es que yo en su situación haría lo mismo, cruzarme de brazos.

¿Demostrar que quiere al Recreativo? No hace falta a estas alturas… ¿Demostrar que está enamorado de Huelva y su gente? Para él que no le conozca…

En estos últimos años el bueno de Emilio ha dado todo y más por este club que tan dentro nos ha calado a los dos. Él nos hizo conocernos, y él nos ha hecho que mantengamos una amistad que ya no va a romperla nada ni nadie. Por eso no habrá quien me convenza de lo contrario. Por eso cada día soy más de la idea de que en Huelva el único pesetero no habla gallego sino francés…

Lo único que me lastima es la mala memoria de la gente. Yo tenía a la afición del Recreativo por una grande y sabia porque en sus ciento y pico años de historia han tenido que lidiar lobos con piel de cordero más inteligentes que este… aun así entiendo que desde que se comienza a ser grande a los ojos de los demás (porque para mi el Recreativo ha sido grande y será grande allí donde esté) comienzan a escucharse voces nuevas fruto más de la fama que del sentimiento recreativista, y que estas mismas voces sin consciencia y sin memoria (no pueden tenerla con tan poco sufrido por el club) exigen y hablan de cosas sin saber pero sobre todo, confunden al cordero con el lobo. Mientras que, las otras, las voces de verdad, las que saben como es Emilio Viqueira esperan pacientes, estoicas y calladas, que no resignadas –solo algunos periodistas idiotas confunden una cosa con la otra- a que el tema se solucione deseándole incluso su partida del equipo porque el cansancio como dice mi buen amigo ¡canto pesa e como fade!, ¡Cuánto pesa y como apesta!...

Así que yo, que empecé el relato con la intención de hablar de lo que llevamos en las maletas los futbolistas lo dejo para otra ocasión no sin antes adelantar algo que nunca falla en la mía vaya a donde vaya y ese es mi amigo Emilio.

¡Suerte Bruxo!

Estoy harto...

Estoy harto. Harto de mendigar una limosna en forma de cariño. Harto de que me llamen amigo gente que no saben cual es mi sabor de helado favorito. Harto de que me cuestionen todo el día, harto de querer ser feliz y quedarme siempre en la cuneta del “mañana será otro día”.

Estoy harto de los berrinches del niño, de que me haga levantarme muerto de frío a media noche para cambiarme a su cama porque le da miedo.

Harto de que todo el mundo tenga su refugio contra el miedo y yo no.

Me he cansado del mundo, de mi mundo. De un mundo que ya no es lo que era. Y me duele si, mucho. Me duele que mi novia me cambie por un rostro de madera, me duele no conocer a mis hermanos, a mis amigos. Me duele que todo el mundo cambie y me duele cambiar.

Aviso a navegantes: me bajo del mundo. No estoy dispuesto a pasar más horas en esta noria monótona, asfixiante que lo mismo esta en lo más alto que al poco cae, y se mantiene y se balancea…llámenme lo que quieran, pero yo me bajo. Me bajo porque no les soporto, no soporto a mis amigos, no soporto a mi familia, no soporto a mi hijo ni a mi perro, no soporto a mi novia. Y sobre todo no te soporto a ti que estas ahí leyendo, porque ahora me ves desnudo y sabes que no soy fuerte.

Una segunda canción de cuna

Salí cabreado de la reunión. Una vez más, mi representante me trae la voz de la directiva: ni un duro hasta que la cosa avance. ¿y qué coño tengo que ver yo, si además estoy lesionado y, para mis desgracia, no influyo en los resultados del equipo?
La pregunta se queda en el aire.
Como se que la voy a pagar con quien no debo, salgo de allí “por patas”, indignado y con la cena atravesada.
De camino a casa descubro un mensaje en el móvil. “Juerga flamenquita en la calle Betis” – para Betis estoy yo, pienso para mí- cantan dos hermanos, colegas míos. La chica te gustará. Fin del mensaje. Hacía ese pequeño rincón pongo rumbo, con la única idea de quitarme agobios de encima.
Efectivamente, la cosa pinta bien y en cuanto llego una bulería bien “cantá” me abre la puerta. Los agobios se quedaron en la calle.
Me pido un cubata y me siento a escuchar en un rincón del local.
Realmente no tiene desperdicio. Los chicos cantan de cine y aunque no logro encontrar a simple vista al autor del mensaje que me llevó hasta allí, tampoco le doy mayor importancia. Ya aparecerá.
A quien sí diviso es a una señora bajita, morena y con gafas que se sienta justo en medio de aquel auditorio. Como si de un playback se tratase, ella va siguiendo despacito y en silencio la letra.
Los cantantes anuncian un pequeño descanso para aclarar las gargantas, y en ello se encontraban cuando se acerca la menuda señora y les planta un par de besos a cada uno. Sin duda alguna es su madre, las madres siempre besan así cuando se sienten realmente orgullosas de algo que hayan dicho o hecho sus hijos. Me lo confirman, efectivamente, más tarde.
Y en el descanso, y mientras apuro el primer cubata de la noche, me acuerdo de la mía. Y entonces me doy cuenta de que hay personas, sin las que uno no sería lo que es, ni tendría lo poco o mucho que tiene.
Las madres, esas que viven tu vida como la letra de una canción, despacito, silenciosamente y en paralelo a la tuya, mientras el fútbol te cubre de gloria igual que mientras te trata a patadas, en la euforia de un gol igual que en la miseria de las lesiones, en la fama de la primera división igual que en la ilusión de cuando empezaste de niño.
Y yo se, que mi yo futbolista hoy no existiría sin mis hermanos, sin mi abuelo, sin toda la gente que me quiere y me ha apoyado siempre, pero que sobre todo, no existiría sin ella…

Por ser quien eres...

Hay personas que pasan por tu vida, que bien se quedan o se van y aunque a vista de todos sean personas normales tu bien sabes que no es así. No son personas, son ángeles disfrazados. Sus alas son tus alas porque él o ella solo vino para regalártelas en forma de amor, de escucha, de ayuda.
Son sencillos de reconocer por la gran "kimika" que desde temprano surge entre vosotros, son fáciles de descubrir porque en sus ojos, y solo en ellos, puedes ver brillar los tuyos. Son gente especial, muy especial que un día llegaron a tu vida y se instalaron en tu corazón para siempre y no sabes bien porque, tienes la extraña sensación de que tu vida ya nunca podría ser la misma. No hace falta que estén físicamente, su presencia va siempre en tu maleta, la primera en el camino.
En esta bendita profesión en que tanto lobo con piel de cordero anda suelto, y que tan fácil es pensar que tienes a alguien que te quiere a tu lado cuando resulta que solo tienes a alguien, o incluso a nadie, tener estos ángeles cerca es un bálsamo que no sabría describir.
En mi vida, han aparecido dos grandes ángeles. El primero me entrego las alas de la serenidad y de la responsabilidad cuando estas aun no formaban parte de mi vida. Mi hijo Marc es la mayor prueba de que aun y para siempre ese ángel sigue conmigo.
El segundo…que decir de él. Apareció en uno de esos momentos en que aun teniéndolo todo te sientes morir, en los que parece que los títulos por los que has luchado toda tu vida no son más que mera chatarra, en los que no estás a gusto ni contigo mismo.
En ese momento la vi, hablamos, me dejo tirado ¿¡¡¡? y me busco para disculparse…
Sus ojos azules, trajeron la calma que tanto necesitaba en mi vida, su sonrisa hizo que la mía saliese de nuevo y ahora se que la quise, la quiero y la querré para siempre.
De pura locura por ella deje mi vida, el equipo por el que había luchado siempre y me traslade a una ciudad desconocida solo por tenerla un poquito más cerca. Y ahora se que mi sueño de verdad era este, tenerla conmigo.
Se que podría llevarme horas hablando de ella, y se que aun así no diría jamás ni la mitad de todo lo que me hace sentir. Pero me van a permitir intentarlo. Se lo debo.
Se lo debo por ser la primera persona que estuvo cinco minutos reales conmigo, por escucharme no oírme, por saber esperar cuando tuve que cambiar mi vida, por hacerme recuperar una confianza que tenía perdida en mi mismo, por saber diferenciar lo que “le gusto como futbolista que no tiene nada que ver con lo que me quiere como gordito”, por las horas y horas que hemos pasado hablando, por hacerme sentir en casa cuando me encuentro a miles de kilómetros de ella.
Realmente no puede ser otra cosa mas que un ángel. Y serán pocas las veces que le agradezca al “Jefe” haberla puesto en mi vida, en el momento oportuno.
Como ven, también a los futbolistas golfos como yo nos llega la horma de nuestro zapato y después de habernos pasado una vida dando tumbos, resulta que la mujer que nos hace sentir lo que jamás en nuestra vida sentimos, estaba en casa. Benditas vueltas que me han hecho valorar lo que realmente tengo con esta niña: un tesoro.

Te quiero Maria.

¿Futbolista y Estudiante?

Me levante sobresaltado, apenas había dormido esa noche. No iba a ser un día cualquiera, eso estaba claro. A pesar de todo, uno a cierta edad no debe alarmarse...¿o sí?
El caso es que me levante de la cama y a tientas casi conseguí llegar a la ducha. Cuando regresé a la habitación, a pesar de la hora Marc ya estaba de pie en la cama. Me parece que comprendió a la perfección lo importante para mi de aquel día y decidió estar presente.
- ¿Ya te vas a tu cole, papi? -me pregunto.
Y realmente si, así me sentía como si volviese al colegio. Como las mañanas aquellas de cada 15 de septiembre en las que no dormía la noche anterior, en las que dejaba todo preparado y lo revisaba veinte veces... en fin de vuelta al colegio.
De vuelta a lo que un día deje Dios sabe por qué.
Y allí me vi, en aquel sitio enorme, rodeado de gente que, como yo, iban un poco perdidas. Para colmo me sentía en el punto de mira de todos, todos me miraban, o a mi me parecía eso. Yo, que sin querer alardear de nada me he visto jugando en los mayores campos de fútbol rodeado de cuarenta mil personas pendientes de si mi jugada acaba bien o mal, yo a pesar de todo eso, me sentía infinitamente pequeño y observado en aquella clase de apenas 50.
A pesar de todo eso, creo que ha sido uno de los aciertos más grandes en estos últimos años el retomar los libros. No se si realmente podré compaginarlo todo, los estudios, el fútbol y el peque, pero estoy seguro de una cosa, que voy a poner todo de mi parte para que un día mi hijo sepa que su padre quiso ser algo también detrás de los focos de un estadio.

Futbolistas y publicidad: un filón de oro

La publicidad siempre ha estado íntimamente ligada al mundo de los deportes en general, y dentro de este al fútbol en particular. Mientras el primero se sirve del futbolista para lanzar sus productos al mercado, este hace lo propio con su imagen. Ambos sin duda, salen ganando.
Esta relación recíproca se ha visto aumentada - ¡y de qué forma! - con la llegada del nuevo milenio. Los grandes clubes que mueven miles de millones en publicidad parecen ver una solución mucho más rentable para sus bolsillos que la de jugar bien al fútbol. Pero esa es harina de otro costal. La cuestión es que no paran de desfilar por televisión caras conocidas en el mundo del fútbol.
Como prueba de ello tenemos al mismísimo Ronaldinho mostrándonos sus excelentes dotes como atleta recorriendo media Barcelona tras un bote de desodorante (que digo yo: ¿nadie le explicó a este chico que en el “super” de la esquina hay más?) pero yo le entiendo, la deformación profesional es lo que tienen oiga y cada cual corre por lo que quiere...
Luego, para rematar la faena, cuando por fin llega a la fábrica donde supuestamente se fabrican los botecitos en cuestión resulta que en lugar de eso son, a la mente de Ronaldinho y de los otros futbolistas, simplemente hermosos conejitos rosas que solo causan ternura en quien los mira. Para que vean que no tenemos la mente tan “desviada”.
Como decía ganan los dos, la empresa con el lanzamiento del producto y nosotros que nos resaltan ciertas virtudes que nos tenían por muy ocultas o inexistente en este gremio. La verdad sea dicha, es de agradecer.
Hay otros anuncios en que esto no se ve tan claro. Anuncios que te dejan un cierto sabor extraño. Los ejemplos más claros los encontramos en los anuncios de Amunike y Robert Prosineky. Mientras el primero nos enseña a bailar al estilo "saque de banda"(http://www.youtube.com/watch?v=igocRTwfyeA) el segundo se embarca en promocionar a "Prosikito" (http://www.youtube.com/watch?v=9VJ9Vo1QWNc&mode=related&search=)
- ¡Vamonos de fiesta!, ¡Todas para mi! -dice el fulano.
Y uno no puede, por más que quiera dejar de pensar que si estos dos crack del balón, siendo lo que han sido y cobrando cantidades que yo no vería ni en sueños, se ven obligados a buscarse la vida en anuncios como estos ¿¿qué será de mi??
Realmente me tiene sin sueño, así que antes que me toque el turno de grabar algo así, les dejo porque voy a ir corriendo a abrirme un plan de pensiones.....