Que no, que no me acostumbro. Que no me resigno a ver los últimos partidos de la gran campaña del Recre en primera sin uno de sus verdaderos pilares, Emilio Viqueira.

El éxito una vez más va a terminar huérfano.

Y la verdad es que yo en su situación haría lo mismo, cruzarme de brazos.

¿Demostrar que quiere al Recreativo? No hace falta a estas alturas… ¿Demostrar que está enamorado de Huelva y su gente? Para él que no le conozca…

En estos últimos años el bueno de Emilio ha dado todo y más por este club que tan dentro nos ha calado a los dos. Él nos hizo conocernos, y él nos ha hecho que mantengamos una amistad que ya no va a romperla nada ni nadie. Por eso no habrá quien me convenza de lo contrario. Por eso cada día soy más de la idea de que en Huelva el único pesetero no habla gallego sino francés…

Lo único que me lastima es la mala memoria de la gente. Yo tenía a la afición del Recreativo por una grande y sabia porque en sus ciento y pico años de historia han tenido que lidiar lobos con piel de cordero más inteligentes que este… aun así entiendo que desde que se comienza a ser grande a los ojos de los demás (porque para mi el Recreativo ha sido grande y será grande allí donde esté) comienzan a escucharse voces nuevas fruto más de la fama que del sentimiento recreativista, y que estas mismas voces sin consciencia y sin memoria (no pueden tenerla con tan poco sufrido por el club) exigen y hablan de cosas sin saber pero sobre todo, confunden al cordero con el lobo. Mientras que, las otras, las voces de verdad, las que saben como es Emilio Viqueira esperan pacientes, estoicas y calladas, que no resignadas –solo algunos periodistas idiotas confunden una cosa con la otra- a que el tema se solucione deseándole incluso su partida del equipo porque el cansancio como dice mi buen amigo ¡canto pesa e como fade!, ¡Cuánto pesa y como apesta!...

Así que yo, que empecé el relato con la intención de hablar de lo que llevamos en las maletas los futbolistas lo dejo para otra ocasión no sin antes adelantar algo que nunca falla en la mía vaya a donde vaya y ese es mi amigo Emilio.

¡Suerte Bruxo!